Organización Familia Pasta de Conchos

 

 

El 18 de agosto de 2007, llegó un camión con familiares de la Mina 8, Unidad Pasta de Conchos al Distrito Federal. Se había suspendido el rescate el pasado 3 de abril, y el entonces Secretario del Trabajo, Javier Lozano, se había comprometido a entregar un dictamen sobre las condiciones de la mina, el cual debía de incluir una propuesta estratégica para revertir las condiciones y reanudar el Rescate de los 63 mineros que, Grupo México pretendía dejar ahí, argumentando con sus propios peritajes que el agua podía estar contaminada de hepatitis, tuberculosis, VIH y otros patógenos.

La idea de Javier Lozano, era tener un peritaje avalado por las familias que le diera visto bueno a la suspensión del Rescate. Este desparpajo de indolencia y soberbia, se le vino abajo desde junio, cuando la mayoría de las familias se dieron cuenta de la trampa y desconocieron ese peritaje. Sin embargo, teníamos que exigir su entrega para poder continuar los procedimientos legales.

Desde que pararon el rescate, sabíamos que todo estaba orquestado para complacer a Grupo México. Sin embargo, queríamos “el balón de regreso en nuestra cancha” y para eso, se tenía que hacer público el mentado peritaje.

Tiempo de lluvia en la Ciudad de México. Al medio día, parecía que no llovería pero conforme pasaron las horas afuera, sobre Periférico comenzamos a sentir su amenaza con el olor a humedad en el ambiente con un fuerte viento que despeinaba a la gente. En minutos comenzó una lluvia torrencial.

Después de un ir y venir de un funcionario de bajo nivel, pero sobre todo, de baja educación, esperábamos bajo plásticos, periódicos y cubriéndonos en los pequeños árboles una vez más al consabido funcionario. Después de más de una hora de lluvia y de negar que el Secretario estuviera en sus oficinas, salió una persona que trabajaba de administrativo en el lugar a decir que el Secretario del Trabajo no recibiría a las familias porque no hicieron cita y él –el Secretario- tiene una agenda muy apretada. Así que les mandaba a decir que se regresaran, hicieran la cita con tiempo y, entonces, volvieran para ser recibidos.

El funcionario fue y vino muchas veces con su enorme sombrilla negra. Solo se le mojaban la suela de los zapatos. Jamás abrió la reja. En lo que iba y venía con los recados, los mineros que son buenos para poner apodos ya le decían Mary Poppins. Volvió y parado bajo su gran sombrilla, nos repitió por última vez que nos fuéramos.

-¡Mire usted Mary Poppins! Le gritó una mujer que era la asignada y autoasignada para gritar. No había quien pudiera con la fuerza y el volumen de su voz… ¡Dígale de nuestra parte al tal Javier Lozano, que no nos vamos de aquí hasta que nos reciba, que aquí nos quedamos!

Entre risas y susto, guardamos silencio.

-¿Quedarnos hasta que nos reciba? Será que nos quedamos aquí a vivir, dijo otra mujer muerta de risa.

Nos reunimos debajo de un arbolito para protegernos de quienes escuchaban en la reja y no de la lluvia porque ya estábamos ensopadas/os. Algunos del equipo intentaron persuadir de que hacer un platón era una locura porque no teníamos nada. Ni una lona, ni comida, ni dinero. Pero además el camión debía volver en cinco días y no tendríamos para pagar ni otro día, ni otro camión. Y por si no fuera suficiente, habían niños/as, personas mayores y trabajadores que debían volver para no perder el trabajo. No teníamos nada. Después de un largo silencio, se propuso que se hiciera una votación. La votación la ganó la indignación y la rabia con que eran tratados los familiares y nos quedamos.

Ya había oscurecido y no dejaba de llover. Movimos el camión de tal forma que bloqueara la entrada. Nos trajeron una lona rota del promocional de la película de Hulk que nos sirvió para resguardar a quienes harían guardia la primera noche. Identificamos baños cercanos. Conseguimos algo para cenar y nos distribuimos para dormir, en el compartimento de maletas y arriba del camión.

Conforme fueron pasando los días, la solidaridad de las Comunidades de Base de Ajusco, Martín Carrera, San Pedro Mártir; religiosos y religiosas, organizaciones sociales y amigos/as y familiares, logramos mantenernos en el plantón hasta que una comisión fue recibida el 9 de octubre. En el salón donde se llevaría a cabo el “encuentro”, estaba puesto y dispuesto para tenernos entretenidos todo el día con el fin de evitar que hiciéramos pública nuestra postura en un evento convocado en el Palacio de Minería ese mismo día, unas horas después.

Conocíamos bien a Javier Lozano y conocíamos el Dictamen antes de que Javier lo entregara a los medios y se hiciera público. A las familias fue a las últimas que se los entregó, previa y necesaria mentira también como siempre, de que ya se los había entregado cuando no era cierto. Pero tampoco importaba. Ya había perdido a las familias y no habría nada que las hiciera volver a confiar en él.

Javier Lozano había montado toda una sesión para reunirse con las familias precisamente el 9 de octubre, fecha en que nosotros teníamos un importante evento precisamente, entre otros, con quienes habían realizado el Dictamen entre hostigamiento y amenazas de Álvaro Castro, entonces subsecretario del Trabajo.

Entramos a la tan anunciada reunión para no aceptar ni agua y una vez que Javier Lozano, leyó su propuesta de “orden del día” –que en realidad abarcaba todo el día-, se puso en pie una viuda solo para enfrentar a Javier Lozano con sus mentiras y su indolencia. Salimos en menos de cinco minutos y nos fuimos al Palacio de Minería donde nos esperaban los periodistas, amigos, ingenieros, personas solidarias y entrañables que realmente querían escuchar a las familias y para que todos y todas, las que querían saber la verdad, escucharan a quién hizo el Dictamen decir que el Rescate debía hacerse.

 

PLANTÓN EN LA STPS DEL 18 DE AGOSTO AL 9 DE OCTUBRE DE 2007